Los Gritos Silentes

Acciones web y de calle alternativas para ser la voz de TODOS los venezolanos que no la tienen.

UN DOLOR SILENTE

(Autor: Roxanna Ortega) Nunca me ha tocado sufrir una pérdida cercana en manos de la violencia. Y quisiera que siga así.

Cuando leí la propuesta de “Los Gritos Silentes”, sentí que mis ganas de hacer algo, encajaban ahí: crear conciencia, por sobre todas las cosas.

Gmail. Redactar correo. Y la respuesta: “ (…) aquí te envío los datos de otra víctima para que hagas el cartel (…)

#amimeimporta #losgritossilentes violencia victimas inseguridad venezuela– Zenaida Ramírez Manrique de 86 años. Estrangulada, la encontraron varios días despues en su casa. Avenida principal de los Chorros de Milla, municipio Libertador de Mérida”.

No sé quién es Zenaida, ni su nombre me fue familiar. Pero algo se me movió por dentro al leer esas líneas.

Trato de imaginar cómo murió Zenaida. Busco su noticia en internet y pocas páginas ayudan a reconstruir una escena dantesca y gris. Se me arruga el corazón.

Yo tuve una abuela que murió a esa edad, por causas naturales. Imaginé a Zenaida como parte de mi vida y respiré profundo, y llegó el día.

Me vestí de luto y salí a la calle.

Mientras llegaba al punto de encuentro, rumiaba en mi cabeza el cómo nos acostumbramos a escuchar noticias sobre violencia. Cómo se ha creado la costumbre a sobrevivir en medio de nuestro “auto” toque de queda, al veto. Pero siento que lo peor de todo es que se ha vuelto costumbre el desprecio y el resentimiento.

Me bajé unas cuadras antes. Caminé. Saludé y asumí mi postura de respeto.

Nos pegamos a una baranda que divide los sentidos de una calle. En seguida la gente se acercó y lo entendió. Nos veían y leían nuestros carteles.

Sus caras probablemente eran la misma que la que cada uno de nosotros puso cuando nos asignaron la víctima.

Se ponían la mano en el corazón. Nos tomaban fotos. No creían lo que leían. “Yo creo que son muertos de mentira”, escuché una madre diciéndole a su hijo que probablemente tenía mi edad. El escribe algo en su teléfono “mamá, mira, éste que busque sí existe”. Esa madre se puso una mano en el corazón y la otra en su frente. Se ven por pocos segundos y siguen caminando.

“Eso”, me dije.

Tuvimos que irnos: la actividad no estaba surtiendo el efecto deseado por la gran cantidad de gente que se estaba acercando.

Formamos una fila y nos fuimos caminando en miras de encontrar un lugar menos congestionado y ahí discutir qué haríamos.

Todo pasa por algo. Cuando íbamos a ese lugar que para la mayoría, imagino, era desconocido, pasó algo que podría llamar: mágico.

La gente se abría y creaban una especie de camino para que nosotros transitáramos. Y de la nada: aplausos. Yo no entendía mucho. Creo que mi cara lo reflejaba bastante.

Nos cantaron nuestro himno, lloraban y otra vez la mano en el corazón de muchos.

Yo no pude evitar sentirme conmovida al ver una señora muy mayor llorando, apretando su pañuelito entre las manos.

¿Zenaida? pensé.

Traté de volver su dolor y el de su familia, mío.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

There was an error retrieving images from Instagram. An attempt will be remade in a few minutes.

%d bloggers like this: